martes, 30 de agosto de 2016

Historia de la E.E.S.T. N° 10 – Ciudad Madero


Historia de la E.E.S.T. N° 10 – (Ex E.N.E.T. N° 1 de Ciudad Madero)
Partido de La Matanza, Buenos Aires, Argentina



La historia de la E.E.S.T. N° 10 es una historia tan interesante como compleja. No es de esas historias que se cuentan de un tirón y que como una flecha va directo al blanco –de un objetivo o un  sueño a su pronta concreción-; no vamos a relatar, tampoco, una historia como la de los libros de grandes próceres. En lugar de eso, queremos mostrar la historia de una Institución que se formó desde lo humano, a partir de anécdotas, intentos, sueños, expectativas, visiones, demoras, retrocesos, incluso “pase de manos”, dentro de unas décadas en donde el país mismo propuso y “despropuso” proyectos educativos. Porque más allá de todo lo estructural, de todo lo visible, nos interesa hacer circular los relatos de las personas que hicieron su propia historia dentro de estas aulas y que influyeron (y fueron influidas) con sus aportes cotidianos: algunas que no están en funciones ya, y otras que todavía hoy aportan ideas y trabajo a la Institución, pero sobre todo, personas que han moldeado su experiencia de vida dentro de estas paredes… hay muchos más, de seguro, que podrían comunicar las suyas. Hoy damos el puntapié inicial y convocamos a esas voces a que se sumen a las que aquí tomarán conocimiento público.
-          Así surgió la escuela, como una escuela de creación: la Asociación Cristiana de Jóvenes se quedó con el nivel Inicial y la Primaria. Primaria se iba, creo que doce menos cuarto, y nosotros teníamos la escuela desde las doce del mediodía. O sea, turno tarde era nuestro y cuando creció la escuela, turno vespertino, y nos íbamos alrededor de las nueve de la noche. Como era una escuela técnica, en contraturno, teníamos que tener taller… entonces, entrando por la calle Mariquita Thompson (la escalera y el piso superior lo había hecho el CONET), ahí funcionaban los talleres del colegio, el lugar en donde ahora funciona el Centro de Formación Profesional. Recordamos que el tinglado ya estaba construido.
-          El Taller empezó con el taller del nivel Básico: Carpintería, Herrería, Electricidad.
-          Antes teníamos Taller tres veces por semana, era otra carga horaria: el horario de aula era de 13 a 18 de la tarde, a veces entrabas a las 12.30, a veces te ibas a las 18 horas; a veces entrabas a las 16.30 y salías a las 22 hs. Taller era de 7.45 a 11.15, o sea que teníamos tres veces Taller, más Educación Física.
-          Los profesores tenían cargos, o sea los M.E.P. (Maestros de Enseñanza Práctica) venían todos los días. Los profesores estaban habilitados para dar clases si tenían el título de “técnico”; aparte, la gente de “oficio” también estaba habilitada: carpinteros, mecánicos, torneros, etc. En el reglamento figuraba que para cubrir los cargos de taller estaba primero el técnico, y si no había, se recurría a una persona que conociera su oficio, con certificados de idoneidad bastaba.
Así comienza el relato de nuestra escuela, como a borbotones, como queriendo ser fieles a una descripción objetiva de la realidad, extrayendo datos de la memoria que perdura fiel a los hechos durante más de tres décadas que lleva de vida esta Institución. Pero pronto se observa cuán difícil resulta a los entrevistados guardarse de la emoción del reencuentro y entonces cada frase dicha, cada dato ofrecido suscita un recuerdo más, y una sonrisa, y un gesto complaciente. Es esta reunión una excusa para volver a esos días en que la ENET N° 1 iniciaba, en el mismo momento en que comenzaba para nuestros relatores un sinfín de experiencias, cuando nacieron amistades que hoy se ven fortalecidas y afianzadas por los años y la tarea cumplida.
-          La ENET N° 1 otorgaba dos títulos |1|: Técnico en Administración de Empresas y Maestro Mayor de Obras, ¿cuántos alumnos eran por curso?, ¿había cambios en la matrícula a lo largo de los años?
-          Yo era de Administración de Empresas, empezamos en Primer Año unos 30 ó 40 y egresamos 7.
-          En Construcciones teníamos 4 divisiones de 30 chicos y terminamos egresando 12. Así que el problema nuestro de desgranamiento, lo tenemos desde el ´86.
-          ¿No podía deberse a que en aquellos años no era obligatoria la secundaria?
-          Sí, pero es que la carrera técnica era difícil, ahora mismo, tenés que ser un poco directo con esto: no es para cualquiera la educación técnica porque supone mucho esfuerzo, dedicación y tiempo... antes teníamos un poco más claro lo que queríamos ser, ahora los chicos que están acá no sé si tienen tan claro lo que quieren ser o qué salida laboral busquen, no se ve en nuestros alumnos tanta claridad ni convicción en su futuro laboral.
-          ¿Cómo se llevaban los chicos de ambas orientaciones?
-          Muy bien, de hecho, incluso en Educación Física se juntaban.
-          Nunca hubo problemas, como tampoco los hay ahora. Es más lo que se habla que lo que en realidad pasa. En las escuelas en donde hay varias especialidades los pibes son los mismos, comparten docentes, espacios, y eso ayuda a la convivencia al final.
-          ¿Cuáles eran los horarios de clases?
-          El problema de los horarios empezó por la cantidad de divisiones que teníamos y no alcanzaban las aulas. Los Talleres eran en la mañana, a contraturno. Nosotros arrancábamos en el turno tarde porque a la mañana estaba la Primaria. Entonces la Escuela Técnica funcionaba desde las 13 hs. en adelante y no te alcanzaban las aulas. Imaginate: había cuatro Primeros años de Construcciones y dos de Administración, o sea, seis Primeros años, después tres Segundos, porque de esos  cuatro Primeros quedaban dos de Construcciones; y de Administración, uno.
Pronto entendemos que al rigor histórico se le va a imponer un clima de camaradería, porque a lo largo de las entrevistas se observa que resulta más importante que el hecho puntual, la forma en que esos hechos se vivieron. Más que el hecho de que a la escuela la construyó la comunidad escolar primero y luego una gestión estatal, más que eso, importa cómo se hacían las cosas. Y esta es la diferencia fundamental, el sello de esta Institución. Lo que prima en todo este relato es exactamente el sentido del deber, el sentido de responsabilidad y compromiso con que se fue levantando la escuela, con que se fueron definiendo personalidades, oficios, carreras… futuros.
-          ¿Cómo recordás que era el clima de clases en el Taller?
-          Me acuerdo que siempre estábamos haciendo algo, siempre había algo para hacer, o copiábamos la carpeta a mano, o arreglábamos alguna máquina y ayudábamos al profesor, o hacíamos nuestros trabajos prácticos… y si no tenías nada de esto, ¡te ponías a barrer el Taller! Cuando yo era alumno, a principios de año te daban una lista de materiales y herramientas que tenías que comprar, por ejemplo, lima, escofina, elementos de dibujo, etc., y tus padres te lo compraban y a nadie se le ocurría ir a las clases de Taller sin lo necesario para trabajar, a nadie se le ocurría plantear algo como “Ah.. yo no trabajo porque no tengo lima”, eso era impensable. Vos, cuando te anotabas en una escuela técnica, sabías a lo que te atenías en este aspecto. Siempre fue un poco más cara la educación técnica por la cuestión de los materiales para Taller, para Dibujo Técnico, pero nosotros, por ejemplo, nunca tuvimos que comprar un tablero como otros compañeros de otro colegio, porque teníamos una sala de dibujo en la escuela, con tableros. Es más, esas mesas y los bancos estilo taburetes –sobre las que todavía hoy los alumnos trabajan en el Taller- las construimos nosotros cuando éramos estudiantes, con un profesor de Herrería. Los más chicos cortaban los cañitos y los grandes los soldaban, las tapas se colocaban con los alumnos de Carpintería. Incluso después hicimos unos bancos con sus respectivas mesas para las aulas. Eso quizás explicaría por qué nadie ensuciaba o rallaba los bancos. Todos cuidábamos paredes y útiles. Es que sentíamos la pertenencia al lugar porque era parte de nuestro trabajo diario.
-          ¿Cuáles eran los trabajos prácticos que hacían en los Talleres, los de tipo “individual”, los que ustedes se llevaban a sus casas?
-          En Primer año las materias eran bimestrales, así que en la materia de Ajustes hicimos un martillo. En Carpintería, un banquito plegable de cedro (me acuerdo que mi papá me había comprado madera de cedro). En Hojalatería hice dos budineras y un rallador de queso; las latitas las conseguíamos en la Estación de Servicio, antes vendían el aceite en lata y nos los guardaban. Incluso traíamos siempre alguna lata de más para compartir y se las guardaban en  el Pañol para otro año. En Electricidad, un tablero de luz básico. En Segundo año eran también bimestrales: en Carpintería hicimos un taburete. En Electricidad seguimos con las conexiones eléctricas y nos enseñaron a soldar con estaño e hicimos un potenciómetro. En Ajuste hicimos una llave. Y en Tornería hicimos el tambor para esa llave, pero lo importante de esta materia es que aprendimos a usar el torno.
-          ¿Cómo se organizaba la compra de materiales allá por esos primeros años en los que comenzaste a trabajar como profesor de Taller?
-          Estábamos a principios de los ´90 y el Jefe de Taller usualmente te preguntaba si podías ir a comprar lo que se necesitaba (cuando no había alguno que de viaje al colegio en auto lo hacía), y él se quedaba a cargo de tu clase, así de sencillo, los chicos nunca dejaban de tener clases por ese tipo de tareas. Era muy serio al respecto. Nación giraba un dinero para uso del Taller y con esos fondos se compraba lo que se necesitaba. De hecho, el Taller compraba todos los materiales y desde el Pañol se les vendía a los alumnos; con el dinero también se compraban herramientas.
Fueron épocas desafiantes aquellas. El prestigio del “Industrial” estaba en juego, el propio trabajo, la propia historia construida desde el ´83 en que el Inspector Jara firma la creación de lo que hoy se llama E.E.S.T. N° 10 (y que en aquel año era la E.N.E.T. N° 1 de Villa Madero). En el ´93 termina la época del CONET y hay que mudarse. Menuda tarea para una Institución que tenía dos orientaciones y un Taller conformado con maquinarias pesadas.
La historia de la E.E.S.T. N°10 no es una historia, como decíamos, de éxitos acabados, sino más bien, la de esfuerzos compartidos ladrillo sobre ladrillo, de amistades que germinaron a la luz de una visión compartida, que tuvieron que adaptarse a los cambios históricos, que se fortalecieron en los desacuerdos, en las opiniones contrarias, en las adversidades, en las contradicciones del país, ante las inclemencias de vientos desfavorables a la educación técnica. No es ni siquiera, la historia de una Institución que creció en el mismo espacio o que dependió de una misma entidad estatal. Quizá por ello es que cobra mayor relevancia la estabilidad de un grupo de personas que se mantuvieron pese a los “movimientos espaciales” y los cambios de gestión ministerial, aunados en el objetivo de levantar las paredes del colegio, literalmente. Porque en los primeros años de la década de los ´90, profesores y alumnos se dieron a la tarea de construir el edificio de su escuela, aula por aula, en la esquina de Mariquita Thompson y España, ya que se había terminado el contrato entre el CONET y la Asociación Cristiana de Jóvenes y no podían seguir dictando clases en este último lugar. No obstante lo cual, durante los siguientes cinco años, la E.E.S.T. N° 10 seguiría impartiendo las clases de Taller allí, y las clases de aula en la nueva construcción. Los profesores y alumnos trabajaron haciendo las bases, encadenados y cimientos. La losa la construyó una empresa constructora y las paredes, contrapisos, colocación de aberturas, se fueron haciendo con la colaboración de profesores, alumnos y padres. A mediados de la década de los ´90 -y ya perteneciendo a la jurisdicción provincial- se logra, a partir de gestiones realizadas por la Cooperadora Escolar, conseguir una ampliación que constaba de cuatro aulas, dos grupos de baños y dependencias para la Dirección y Secretaría y algunas remodelaciones en este primer edificio. Recién a fines de la década, en los años ´98 y ´99 se publica y licita la construcción de la nueva (y última) parte del edificio, durante el gobierno de Eduardo Duhalde y con fondos del Banco Mundial.
Los tiempos cronológicos, los vaivenes políticos con su marea de cambios educativos, las actas escolares, los boletines de calificación, los detalles administrativos… son importantes para quedar archivados como memoria de una época pero lo que hace a una Institución es la calidad y el peso que deja en el recuerdo de la gente; las redes humanas que haya ayudado a tejer, el volver atrás en el recuerdo compartido y enorgullecerse del esfuerzo empleado en función de hacer crecer aquello que nos supera… Y no lo expresamos así porque todos los esfuerzos se hayan podido lograr, sino por el simple hecho de haberlo intentado. Esta red de laboriosas relaciones, esta red de ilusiones y esfuerzos grupales es lo que perdura al fin, y sobre cuyas bases se levanta esta Institución.
En aquellos tiempos la determinación de las personas que concurrían  a esta Institución hizo posible lo que hoy es increíble. Profesores, alumnos y padres, en forma organizada, trabajaron buscando recursos, estrategias, tiempos… que ciertamente no le sobraban a nadie. Rifas, concursos, paladas de material, bingos, hileras de ladrillo, recolección de diarios y cartones… todo ello logró que las primeras aulas fueran construidas. ¿Cómo no querer una Institución que lleva en sus cimientos el sudor de las manos propias, el recuerdo de las esperanzas que se vieron finalmente satisfechas? “Lo construimos nosotros”, se les escucha a los entrevistados con orgullosa –y lógica- satisfacción.
-          A principios de los ’90, cuando se juntaba algo de dinero, este se destinaba a comprar materiales y se organizaban las tareas a realizar en nuestro edificio. Cuando había que hacer un trabajo como el de revocar las paredes, por ejemplo, se cortaban las clases de Taller y  todos trabajaban en eso. Era una jornada de trabajo que podía durar dos o tres días: alumnos de 3°, 4° y 5° y profesores trabajaban, y ninguno decía que no, trabajábamos con guardapolvo, y a pasar baldes, bolsas de cal, de cemento… Cada dos o tres sábados también íbamos, alumnos, profes, padres incluso. Arrancábamos 8.30, 9 de la mañana y nos dividíamos los trabajos, algunos pasaban los baldes, otros revocaban, otros jugaban a la pelota en el campito de al lado, otros hacían los choris, el mate... Porque la idea principal era juntarse. El Ciclo Superior siempre estaba trabajando, había más práctica que teoría, no como hoy. Por suerte nosotros tuvimos el edificio por construir, y ahí mismo practicábamos. Me acuerdo que los padres de un alumno tenían cerca del colegio una fábrica de baldosas y la Asociación Cooperadora le compraba los metros que necesitaban para un aula, eran para exterior, porque son más baratas y con mis alumnos de 3° y 4° año las colocábamos. Por eso las aulas del Taller hoy las ves con los baldosones grandes.
-          ¿Y quién dirigía esas jornadas?
-          El Jefe de Taller. El Director organizaba el trabajo con él y después simplemente se hacía.
-          Sabemos que la comunidad educativa construyó la primera parte del colegio (porque la ampliación de ese edificio -en la que hoy funciona la Media 38- la realizó una empresa bajo la supervisión de la Cooperadora), pero, además, también los alumnos se encargaron de conseguir el material para la construcción. En la tecnicatura de Administración ¿también colaboraban?
-          Colaborábamos, sí, pero era más de la otra orientación el tema de la construcción.
-          ¡Eso era para toda la Técnica, para todo el mundo!... de hecho, así se hicieron un montón de cosas. Eso se empezó en el ´88, ´89, por esos años. Se hizo la construcción con dinero de Nación, y el aporte de toda la comunidad. Varios bingos se hicieron para recaudar fondos, pero vinieron después, cuando éramos de Provincia. Cuando éramos alumnos, nosotros hacíamos bailes, desfiles… ¡Ah... el campeonato de truco y chinchón!.. acá  en la escuela y en la Sociedad de Fomento. El Chinchón para los más chiquitos, los de 1° y 2°. El truco era todos contra todos, no había categorías, iban todos a divertirse un rato. Hasta se llegó a rifar un 147 para construir la losa, ¡y encima se lo ganaron! Era obligatorio que cada familia comprara, por lo menos, una rifa. Esta rifa se pagaba en cuotas mensuales.
Cada uno de ellos tiene una pila de anécdotas con que vestir las paredes de esa esquina. Aquí la vida de la E.E.S.T. N° 10 se personaliza, se hace vida a partir de haber sido el fruto de las experiencias de sus integrantes.
-          En realidad todo el mundo trabajó en la escuela y todos querían un edificio propio. Eso creo que es básico para cualquier Institución, tener un edificio propio. Había una pertenencia al lugar.
-          Uno podría explicar esa pertenencia a partir de las promesas cumplidas. Que todo lo que se les proponía tenía una proyección de trabajo. Y esa proyección se iba cumpliendo y la comunidad iba viendo los avances, ¿verdad?
-          Por supuesto, si vos hacés un baile y decís que lo recaudado va a ser para comprar unos hierros para hacer unos bancos, y terminamos el baile, y a la semana siguiente compramos los hierros y a la otra empezamos a hacer los bancos… es que lo recaudado se disponía para eso, no es que se hacía una cosa y después el dinero desaparecía o se iba a otro lado.
-          A veces el problema con las Instituciones es que las promesas se van diluyendo.
-          Nuestro primer Director de la escuela fue Eduardo del Castillo y él tenía bastante claro lo que quería. Venía del CONET, era un tipo que tenía otra mentalidad. Tenía un convenio con la Asociación Cristiana de Jóvenes, ¡pero el contrato se terminaba! Después continuó Eduardo Riha y luego siguió Tony. Y todos ellos tuvieron el mismo objetivo en mente. Además teníamos un Centro de Estudiantes que gestionó bastante. Se llamaba a los representantes de cada división, se hacían muchas reuniones; ¡y no era que el Centro de Estudiantes se juntaba para zafar de las hora de clase!, porque íbamos a las reuniones después de hora, en recreos, en horas libres, votaban todos y no había diferencias, todo el mundo aportaba algo. Básicamente el objetivo de toda la escuela era tener el edificio propio desde que arrancamos.
-          Cuando nosotros éramos alumnos había un Centro de Estudiantes que era muy fuerte, es decir, generaba mucha movida, por ejemplo hemos hecho bailes en El Fortín, en el club La Verdad, en el salón del colegio San Carlos, ¡en la Asociación de Fomento siempre!...
-          El Día de la Primavera lo organizaba el Centro de Estudiantes y cada división hacía un número, hemos pasado vergüenza arriba del escenario, hemos hecho desfiles de modas. Una compañera cantaba el tema “Tengo un hermano chiquito” y yo, disfrazado de bebé, desfilaba en el medio del escenario. Todo eso salía del Centro de Estudiantes.
-          Claro, lo que pasaba es que el Día de la Primavera se juntaba con la Fiesta de Educación Física, se hacían los dos festejos juntos y se realizaban en el salón de la Asociación Cristiana de Jóvenes, en el tinglado y en el campo de deportes. Estábamos todo el día, no solamente jugábamos al voley y al fútbol sino también al handball, al básquet, la maratón. El último año lo hicieron en el Club Banco Central y estuvo muy bueno.
En la época en que la escuela pertenecía a Nación, el Centro de Estudiantes organizaba y disponían de esos fondos y no había problemas con nada. Una vez necesitamos hacer compras de hierro para hacer los bancos en el Taller y lo compró el Centro de Estudiantes con la plata que había recaudado en un par de bailes. Eran los de tipo dobles, banquito y mesa, banquito y mesa y eso quedó en la ACJ, con facilidad habremos hecho para llenar dos aulas.
En la época en que la escuela pertenecía a Nación, el Centro de Estudiantes organizaba y disponían de esos fondos y no había problemas con nada. Una vez necesitamos hacer compras de hierro para hacer los bancos en el Taller y lo compró el Centro de Estudiantes con la plata que había recaudado en un par de bailes. Eran los de tipo dobles, banquito y mesa, banquito y mesa y eso quedó en la ACJ, con facilidad habremos hecho para llenar dos aulas.
-          Estamos acostumbrados a sostener hoy día que los profesores de antes eran muy rígidos, muy estrictos… ¿era así?, ¿cómo vivían ustedes este tema?
-          Era otra historia, pero, efectivamente, los docentes eran un poco más rígidos. Vos sabías que en tal Año tenías tal docente, me acuerdo en 5° Año, en la materia de Derecho con Lopilato, me llevé esa materia sola y me quería cambiar de colegio porque creía que no la sacaba nunca más, después la di pero... nosotros éramos siete alumnos en mi curso y no teníamos cómo zafar, las preguntas eran para todos.
-          ¡Nosotros éramos doce y qué te ibas a esconder! ¡Ni pensarlo!
-          Había que estudiar todos los días.
-          Eso también es un dato de época, es cierto, existía una verdadera estabilidad docente... los mismos profesores estaban décadas en la misma escuela. Como alumnos les conocíamos hasta las costumbres… hoy hay muchísima movilidad docente. Y eso genera también una movilidad en la forma de dar los contenidos y eso hace que a veces también cambien los contenidos porque cada profesor tiene “su” forma de explicar y le pone énfasis a la parte del programa que le parece más importante.
-          Los padres aportaban también en el sentido en que exigían que uno les tuviera respeto a los profesores y que terminara la carrera, porque no había muchas opciones, o estudiábamos o trabajábamos. Y aunque hubo siempre alumnos que no estudiaban, la mayoría sabía lo que quería para su vida. También estábamos más cohesionados como grupo, a diferencia de hoy, que se ve, incluso en los viajes de egresados: antes se iba toda la división junta, hoy los chicos eligen con quién se van entre diferentes cursos y diferentes colegios. Los profesores eran todos profesionales, trabajaban de abogados, de contadores, arquitectos, o eran gente de oficio, carpinteros, herreros, etc. Teníamos muchos profesores que eran técnicos incluso en las materias del Básico. Se notaba el compromiso de los docentes, cuando hacíamos un baile porque estaban todos con nosotros, por ejemplo, desde el Director en adelante, y no es que vivían en el barrio.
-          En general ocurre que en un colegio donde se percibe una fuerte cohesión en el cuerpo docente, y a eso se le suma un grupo de alumnos que están allí por motivación propia, porque elijen esa carrera, es más factible observar que los objetivos se lleguen a cumplir. Ayuda en este sentido que se cumplan los plazos pautados para la concreción de los objetivos, hace a una seriedad y un compromiso en la forma de llevar adelante la tarea docente. A eso también hay que agregar la decisión de la Dirección del colegio, que permitía el accionar del Centro de Estudiantes, lo cual favorecía la participación de la comunidad y a la vez los hacía sentirse útiles. 
-          La participación de los padres con la escuela tiene mucho que ver con el entusiasmo con el que llegan sus hijos a la casa, si ellos vienen pidiéndoles ayuda e invitándolos a hacer cosas para la Institución o los ve que van a buscar ladrillos para el colegio, que van los sábados, que venden rifas, que organizan bailes… es más factible que el padre se interese. Todo depende del interés que tenga el alumno para que el padre entienda cuán importante es el colegio. Por eso era posible que los alumnos concurrieran a torneos, participaran de jornadas de trabajo y juegos los sábados, el clima era de camaradería.
-          ¿Cuáles son los mayores desafíos que hoy enfrenta la escuela técnica?
-          El primer desafío es volver a generar un espacio apropiado destinado al Taller. El segundo es tener las herramientas y máquinas necesarias. Finalmente, continuar perfeccionando a los docentes en las nuevas tecnologías pero mucho más en el “oficio”, en la práctica, no en la teoría (aunque las dos sean necesarias).
Cinco años estuvieron divididas sus aulas, el Taller funcionaba donde había nacido el colegio, en la Asociación Cristiana de Jóvenes, mientras que las materias de aula se dictaban en el recién construido edificio. Sin embargo, como vimos, ello no privó a los profesores de sentirse parte de una única Institución; no desalentó los ánimos las incomodidades del espacio (como dar clases sobre tierra apisonada, no tener calefacción en las aulas…). Directivos y cooperadores escolares siguieron buscando la forma de reubicarse, de unificar sus aulas, de tener un edificio propio unificado.  ¿Eran “otras épocas”, “épocas de cooperativismo”?, en tanto en nuestra cultura de la segunda década del 2000 observamos tanto individualismo, resulta sorprendente volver la mirada y darse cuenta de que grupos grandes, disímiles en perspectivas y opiniones, objetivos y capacidades, tuvieran un  propósito en común que más que para sí mismos, beneficiaría futuras generaciones, y lo llevaran a cabo.
-          La Asociación Cooperadora de la E.E.S.T. N° 10 fue declarada como una de las 10 mejores Cooperadoras de la provincia de Buenos Aires porque habían presentado impecablemente la rendición y todos los papeles de cuando se hizo la última ampliación del edificio, y como era dinero del Banco Mundial estaban muy atentos a la honestidad y claridad en el manejo de sus fondos. Y fue la primera Asociación Cooperadora en la provincia de Buenos Aires en firmar la entrada del laboratorio Di Lorenzo, que venía desde México de una empresa italiana y la Dirección General de Escuela de la provincia de Buenos Aires necesitaba una Cooperadora para que pasara sin impuestos. La D.G.E. elige a la cooperadora de la Técnica 10 para que haga el trámite.
-          Incluso la eligieron también para comprar las banderas de La Matanza para todas las escuelas públicas del Municipio. Eligieron 5 ó 6 Cooperadoras del Distrito para firmar, fuimos con Pichi y Mariana.
-          Y digamos más, no hubo ninguna Cooperadora de ninguna escuela de la provincia de Buenos Aires que haya estado más de 20 años, la misma Cooperadora con el mismo Director. Esto nos llena de orgullo y satisfacción.
-          Sí, justamente yo remarco tanto este tema porque lo percibí a lo largo de las entrevistas, quiero decir que con la mirada puesta desde afuera reconstruyendo y sintetizando esta historia, se ve que es muy fuerte la voluntad y el cariño que muestran por algo que han ayudado a construir; voluntad y trabajo que creo tiene mucho que ver con un contexto histórico, con una época en la que quizás la gente se involucraba más, creía más en las instituciones, trabajaba más en y para ellas, recibía más a cambio –seguramente-; hoy la cultura es otra. Y por eso mismo, como la cultura cambia, habría que ver de implementar nuevos métodos de comunicación con gente que tiempo atrás voluntariamente aportó su tiempo, su dedicación, su conocimiento, su esfuerzo para levantar una Institución que hoy nos excede, que tiene problemas porque es una Institución hecha por personas que tienen equivocaciones, claro está. Pero definitivamente en el contexto de una cultura eminentemente tecnológica es necesario implementar nuevos métodos de comunicación que tengan más que ver con lo humano y no que queden emparentadas a la deshumanización de nuestra profesión.
-          Yo lo que puedo decir es que la gran diferencia que vos observás con lo que en ese momento éramos nosotros, es que hoy encontrás una cuestión de individualismo y antes un trabajo en equipo. Antes yo no pensaba como Vicedirector que, si hacíamos la fuente de Tapiales, por ejemplo, los laureles se los iba a llevar Eduardo, éramos un equipo, los laureles se lo llevaban los pibes. La mala fe que ahora está teniendo el individualismo y la forma de conseguir las cosas en algunos casos, porque la escuela funciona perfecto a través del consenso, ¡eso no lo entienden! Lo entienden como una cuestión vertical, como si la Dirección de un colegio se basara en bajar las indicaciones únicamente. Al docente no le gusta que le vengan a gritar, a imponer las cosas, al docente lo que le gusta es que lo convoquen. La figura de Eduardo -como fue la mía- fue la del “señor director” adentro de la escuela, pero para los compañeros era el del señor director y compañero de trabajo, hay una gran diferencia, entonces, cuando vos vas a pedir algo, “Che, mirá… nos vamos a juntar a comer un asado, o vamos a hacer este trabajo, vamos a organizar un campeonato de futbol, etc.”, ¡la gente iba!.. iba porque vos organizabas la escuela de otra manera.
-          Quizás esto que proponés tenga que ver con una visión más amplia del contexto de la Institución y no con una visión administrativa; con una visión desde la calidad humana en el ámbito laboral.
-          Hoy sentarse detrás de un escritorio con la insignia de Director no te eleva al cielo de ninguna manera. La cuestión de acompañar es fundamental hoy día. El poder de dirigir una organización, un proyecto o una Institución se merece primero, se otorga y se gana con el ejemplo y el buen trato, de eso no hay duda.
Propósitos comunes y ganas de trabajar. Casi se siente uno reconfortado cuando observa las sonrisas de satisfacción en los rostros de sus hacedores al rememorar esos días. Reconforta entender que ese espíritu de trabajo era lo que enseñaban en una escuela que se dedicaba especialmente a formar personas para su futuro laboral. El destino quiso que fuera en la misma práctica que encontraran el motivo y el ejemplo.
Quisimos mostrar los comienzos de una Institución que creció gracias a la necesidad de hacer posible una educación secundaria técnica estatal, gracias a la convicción de que se podía y cuyas bases más sólidas no se encuentran en sus ladrillos sino en la cohesión de una comunidad que lo hizo posible. Hablamos del pasado haciendo una proyección hacia el presente. De este mismo presente hablarán futuras generaciones de ex alumnos, docentes, padres… con mayor objetividad, con la claridad que provoca la observación en perspectiva. Ellos dirán hacia dónde camina una educación secundaria técnica que tan necesaria es para los destinos de esta nueva Nación en desarrollo.


Nota:
El primer Director de la Institución fue el Sr. Juan Eduardo del Castillo, quien asume en el año 1983 y cesa el 09-01-1991. El Sr. Eduardo Riha fue Regente Técnico desde el 01-08-1988 hasta el 12-02-1990; Vicedirector desde el 12-02-1990 hasta el 09-01-1991 y desde esa fecha hasta el 18-05-1992, su Director Titular. El Sr. Antonio Ianiero asume la Dirección Titular del Establecimiento desde la fecha de cese del Sr. Riha, en el año ´92,  y continúa hasta el presente en uso de Licencia.

Coordinación General, Entrevistas y Redacción:
Gabriela Álvarez
Imágenes, Videos y Audios:
Rosana Samos
También participan en este Proyecto:
Alumnos de 2° 2° y 2° 3° de esta Institución
Las citas textuales pertenecen a los siguientes entrevistados:
Eduardo Riha, Antonio Ianiero, María Teresa Patiño, Mariana Oliva, 
Abel Yegros, Carlos Epelde, Flavio Minotto
Agradecemos a todos aquellos que colaboraron directa e indirectamente a hacer posible esta reconstrucción histórica.



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