jueves, 1 de septiembre de 2016
martes, 30 de agosto de 2016
Historia de la E.E.S.T. N° 10 – Ciudad Madero
La historia de la E.E.S.T. N° 10 es
una historia tan interesante como compleja. No es de esas historias que se
cuentan de un tirón y que como una
flecha va directo al blanco –de un objetivo o un sueño a su pronta concreción-; no vamos a
relatar, tampoco, una historia como la de los libros de grandes próceres. En
lugar de eso, queremos mostrar la historia de una Institución que se formó
desde lo humano, a partir de anécdotas, intentos, sueños, expectativas,
visiones, demoras, retrocesos, incluso “pase de manos”, dentro de unas décadas
en donde el país mismo propuso y “despropuso”
proyectos educativos. Porque más allá de todo lo estructural, de todo lo
visible, nos interesa hacer circular los relatos de las personas que hicieron
su propia historia dentro de estas aulas y que influyeron (y fueron influidas)
con sus aportes cotidianos: algunas que no están en funciones ya, y otras que
todavía hoy aportan ideas y trabajo a la Institución, pero sobre todo, personas
que han moldeado su experiencia de vida dentro de estas paredes… hay muchos
más, de seguro, que podrían comunicar las suyas. Hoy damos el puntapié inicial
y convocamos a esas voces a que se sumen a las que aquí tomarán conocimiento
público.
-
Así
surgió la escuela, como una escuela de creación: la Asociación Cristiana de Jóvenes
se quedó con el nivel Inicial y la Primaria. Primaria se iba, creo que doce
menos cuarto, y nosotros teníamos la escuela desde las doce del mediodía. O
sea, turno tarde era nuestro y cuando creció la escuela, turno vespertino, y
nos íbamos alrededor de las nueve de la noche. Como era una escuela técnica, en
contraturno, teníamos que tener taller… entonces, entrando por la calle Mariquita
Thompson (la escalera y el piso superior lo había hecho el CONET), ahí
funcionaban los talleres del colegio, el lugar en donde ahora funciona el
Centro de Formación Profesional. Recordamos que el tinglado ya estaba
construido.
-
El
Taller empezó con el taller del nivel Básico: Carpintería, Herrería, Electricidad.
-
Antes
teníamos Taller tres veces por semana, era otra carga horaria: el horario de
aula era de 13 a 18 de la tarde, a veces entrabas a las 12.30, a veces te ibas
a las 18 horas; a veces entrabas a las 16.30 y salías a las 22 hs. Taller era
de 7.45 a 11.15, o sea que teníamos tres veces Taller, más Educación Física.
-
Los
profesores tenían cargos, o sea los M.E.P. (Maestros de Enseñanza Práctica)
venían todos los días. Los profesores estaban habilitados para dar clases si
tenían el título de “técnico”; aparte, la gente de “oficio” también estaba
habilitada: carpinteros, mecánicos, torneros, etc. En el reglamento figuraba
que para cubrir los cargos de taller estaba primero el técnico, y si no había,
se recurría a una persona que conociera su oficio, con certificados de
idoneidad bastaba.
Así comienza el relato de nuestra
escuela, como a borbotones, como queriendo ser fieles a una descripción
objetiva de la realidad, extrayendo datos de la memoria que perdura fiel a los
hechos durante más de tres décadas que lleva de vida esta Institución. Pero
pronto se observa cuán difícil resulta a los entrevistados guardarse de la
emoción del reencuentro y entonces cada frase dicha, cada dato ofrecido suscita
un recuerdo más, y una sonrisa, y un gesto complaciente. Es esta reunión una
excusa para volver a esos días en que la ENET N° 1 iniciaba, en el mismo
momento en que comenzaba para nuestros relatores un sinfín de experiencias,
cuando nacieron amistades que hoy se ven fortalecidas y afianzadas por los años
y la tarea cumplida.
-
La ENET N° 1 otorgaba dos títulos |1|:
Técnico en Administración de Empresas
y Maestro Mayor de Obras, ¿cuántos
alumnos eran por curso?, ¿había cambios en la matrícula a lo largo de los años?
-
Yo
era de Administración de Empresas,
empezamos en Primer Año unos 30 ó 40 y egresamos 7.
-
En
Construcciones teníamos 4 divisiones
de 30 chicos y terminamos egresando 12. Así que el problema nuestro de
desgranamiento, lo tenemos desde el ´86.
-
¿No podía deberse a que en aquellos
años no era obligatoria la secundaria?
-
Sí,
pero es que la carrera técnica era difícil, ahora mismo, tenés que ser un poco
directo con esto: no es para cualquiera la educación técnica porque supone
mucho esfuerzo, dedicación y tiempo... antes teníamos un poco más claro lo que
queríamos ser, ahora los chicos que están acá no sé si tienen tan claro lo que
quieren ser o qué salida laboral busquen, no se ve en nuestros alumnos tanta
claridad ni convicción en su futuro laboral.
-
¿Cómo se llevaban los chicos de ambas
orientaciones?
-
Muy
bien, de hecho, incluso en Educación Física se juntaban.
-
Nunca
hubo problemas, como tampoco los hay ahora. Es más lo que se habla que lo que
en realidad pasa. En las escuelas en donde hay varias especialidades los pibes
son los mismos, comparten docentes, espacios, y eso ayuda a la convivencia al
final.
-
¿Cuáles eran los horarios de clases?
-
El
problema de los horarios empezó por la cantidad de divisiones que teníamos y no
alcanzaban las aulas. Los Talleres eran en la mañana, a contraturno. Nosotros
arrancábamos en el turno tarde porque a la mañana estaba la Primaria. Entonces
la Escuela Técnica funcionaba desde las 13 hs. en adelante y no te alcanzaban
las aulas. Imaginate: había cuatro Primeros años de Construcciones y dos de Administración, o sea, seis Primeros años,
después tres Segundos, porque de esos cuatro Primeros quedaban dos de Construcciones; y de Administración, uno.
Pronto entendemos que al rigor
histórico se le va a imponer un clima de camaradería, porque a lo largo de las
entrevistas se observa que resulta más importante que el hecho puntual, la
forma en que esos hechos se vivieron. Más que el hecho de que a la escuela la
construyó la comunidad escolar primero y luego una gestión estatal, más que
eso, importa cómo se hacían las cosas. Y esta es la diferencia fundamental, el
sello de esta Institución. Lo que prima en todo este relato es exactamente el
sentido del deber, el sentido de responsabilidad y compromiso con que se fue
levantando la escuela, con que se fueron definiendo personalidades, oficios,
carreras… futuros.
-
¿Cómo recordás que era el clima de
clases en el Taller?
-
Me
acuerdo que siempre estábamos haciendo algo, siempre había algo para hacer, o
copiábamos la carpeta a mano, o arreglábamos alguna máquina y ayudábamos al
profesor, o hacíamos nuestros trabajos prácticos… y si no tenías nada de esto, ¡te
ponías a barrer el Taller! Cuando yo era alumno, a principios de año te daban
una lista de materiales y herramientas que tenías que comprar, por ejemplo,
lima, escofina, elementos de dibujo, etc., y tus padres te lo compraban y a
nadie se le ocurría ir a las clases de Taller sin lo necesario para trabajar, a
nadie se le ocurría plantear algo como “Ah.. yo no trabajo porque no tengo
lima”, eso era impensable. Vos, cuando te anotabas en una escuela técnica,
sabías a lo que te atenías en este aspecto. Siempre fue un poco más cara la
educación técnica por la cuestión de los materiales para Taller, para Dibujo Técnico,
pero nosotros, por ejemplo, nunca tuvimos que comprar un tablero como otros
compañeros de otro colegio, porque teníamos una sala de dibujo en la escuela,
con tableros. Es más, esas mesas y los bancos estilo taburetes –sobre las que
todavía hoy los alumnos trabajan en el Taller- las construimos nosotros cuando
éramos estudiantes, con un profesor de Herrería. Los más chicos cortaban los
cañitos y los grandes los soldaban, las tapas se colocaban con los alumnos de
Carpintería. Incluso después hicimos unos bancos con sus respectivas mesas para
las aulas. Eso quizás explicaría por qué nadie ensuciaba o rallaba los bancos.
Todos cuidábamos paredes y útiles. Es que sentíamos la pertenencia al lugar
porque era parte de nuestro trabajo diario.
-
¿Cuáles eran los trabajos prácticos
que hacían en los Talleres, los de tipo “individual”, los que ustedes se
llevaban a sus casas?
-
En
Primer año las materias eran bimestrales, así que en la materia de Ajustes
hicimos un martillo. En Carpintería, un banquito plegable de cedro (me acuerdo
que mi papá me había comprado madera de cedro). En Hojalatería hice dos
budineras y un rallador de queso; las latitas las conseguíamos en la Estación
de Servicio, antes vendían el aceite en lata y nos los guardaban. Incluso
traíamos siempre alguna lata de más para compartir y se las guardaban en el Pañol para otro año. En Electricidad, un
tablero de luz básico. En Segundo año eran también bimestrales: en Carpintería
hicimos un taburete. En Electricidad seguimos con las conexiones eléctricas y
nos enseñaron a soldar con estaño e hicimos un potenciómetro. En Ajuste hicimos
una llave. Y en Tornería hicimos el tambor para esa llave, pero lo importante
de esta materia es que aprendimos a usar el torno.
-
¿Cómo se organizaba la compra de
materiales allá por esos primeros años en los que comenzaste a trabajar como
profesor de Taller?
-
Estábamos
a principios de los ´90 y el Jefe de Taller usualmente te preguntaba si podías
ir a comprar lo que se necesitaba (cuando no había alguno que de viaje al
colegio en auto lo hacía), y él se quedaba a cargo de tu clase, así de
sencillo, los chicos nunca dejaban de tener clases por ese tipo de tareas. Era
muy serio al respecto. Nación giraba un dinero para uso del Taller y con esos
fondos se compraba lo que se necesitaba. De hecho, el Taller compraba todos los
materiales y desde el Pañol se les vendía a los alumnos; con el dinero también
se compraban herramientas.
Fueron épocas desafiantes aquellas.
El prestigio del “Industrial” estaba en juego, el propio trabajo, la propia
historia construida desde el ´83 en que el Inspector Jara firma la creación de
lo que hoy se llama E.E.S.T. N° 10 (y que en aquel año era la E.N.E.T. N° 1 de Villa
Madero). En el ´93 termina la época del CONET y hay que mudarse. Menuda tarea
para una Institución que tenía dos orientaciones y un Taller conformado con
maquinarias pesadas.
La historia de la E.E.S.T. N°10 no
es una historia, como decíamos, de éxitos acabados, sino más bien, la de
esfuerzos compartidos ladrillo sobre ladrillo, de amistades que germinaron a la
luz de una visión compartida, que tuvieron que adaptarse a los cambios
históricos, que se fortalecieron en los desacuerdos, en las opiniones contrarias,
en las adversidades, en las contradicciones del país, ante las inclemencias de
vientos desfavorables a la educación técnica. No es ni siquiera, la historia de
una Institución que creció en el mismo espacio o que dependió de una misma
entidad estatal. Quizá por ello es que cobra mayor relevancia la estabilidad de
un grupo de personas que se mantuvieron pese a los “movimientos espaciales” y
los cambios de gestión ministerial, aunados en el objetivo de levantar las
paredes del colegio, literalmente. Porque en los primeros años de la década de
los ´90, profesores y alumnos se dieron a la tarea de construir el edificio de
su escuela, aula por aula, en la esquina de Mariquita Thompson y España, ya que
se había terminado el contrato entre el CONET y la Asociación Cristiana de
Jóvenes y no podían seguir dictando clases en este último lugar. No obstante lo
cual, durante los siguientes cinco años, la E.E.S.T. N° 10 seguiría impartiendo
las clases de Taller allí, y las clases de aula en la nueva construcción. Los
profesores y alumnos trabajaron haciendo las bases, encadenados y cimientos. La
losa la construyó una empresa constructora y las paredes, contrapisos,
colocación de aberturas, se fueron haciendo con la colaboración de profesores,
alumnos y padres. A mediados de la década de los ´90 -y ya perteneciendo a la
jurisdicción provincial- se logra, a partir de gestiones realizadas por la
Cooperadora Escolar, conseguir una ampliación que constaba de cuatro aulas, dos
grupos de baños y dependencias para la Dirección y Secretaría y algunas
remodelaciones en este primer edificio. Recién a fines de la década, en los
años ´98 y ´99 se publica y licita la construcción de la nueva (y última) parte
del edificio, durante el gobierno de Eduardo Duhalde y con fondos del Banco
Mundial.
Los tiempos cronológicos, los
vaivenes políticos con su marea de cambios educativos, las actas escolares, los
boletines de calificación, los detalles administrativos… son importantes para
quedar archivados como memoria de una época pero lo que hace a una Institución
es la calidad y el peso que deja en el recuerdo de la gente; las redes humanas
que haya ayudado a tejer, el volver atrás en el recuerdo compartido y
enorgullecerse del esfuerzo empleado en función de hacer crecer aquello que nos
supera… Y no lo expresamos así porque todos los esfuerzos se hayan podido
lograr, sino por el simple hecho de haberlo intentado. Esta red de laboriosas relaciones,
esta red de ilusiones y esfuerzos grupales es lo que perdura al fin, y sobre
cuyas bases se levanta esta Institución.
En aquellos tiempos la
determinación de las personas que concurrían
a esta Institución hizo posible lo que hoy es increíble. Profesores,
alumnos y padres, en forma organizada, trabajaron buscando recursos,
estrategias, tiempos… que ciertamente no le sobraban a nadie. Rifas, concursos,
paladas de material, bingos, hileras de ladrillo, recolección de diarios y
cartones… todo ello logró que las primeras aulas fueran construidas. ¿Cómo no
querer una Institución que lleva en sus cimientos el sudor de las manos
propias, el recuerdo de las esperanzas que se vieron finalmente satisfechas? “Lo construimos nosotros”, se les escucha
a los entrevistados con orgullosa –y lógica- satisfacción.
-
A
principios de los ’90, cuando se juntaba algo de dinero, este se destinaba a
comprar materiales y se organizaban las tareas a realizar en nuestro edificio. Cuando
había que hacer un trabajo como el de revocar las paredes, por ejemplo, se
cortaban las clases de Taller y todos
trabajaban en eso. Era una jornada de trabajo que podía durar dos o tres días:
alumnos de 3°, 4° y 5° y profesores trabajaban, y ninguno decía que no,
trabajábamos con guardapolvo, y a pasar baldes, bolsas de cal, de cemento… Cada
dos o tres sábados también íbamos, alumnos, profes, padres incluso. Arrancábamos
8.30, 9 de la mañana y nos dividíamos los trabajos, algunos pasaban los baldes,
otros revocaban, otros jugaban a la pelota en el campito de al lado, otros hacían
los choris, el mate... Porque la idea principal era juntarse. El Ciclo Superior
siempre estaba trabajando, había más práctica que teoría, no como hoy. Por
suerte nosotros tuvimos el edificio por construir, y ahí mismo practicábamos.
Me acuerdo que los padres de un alumno tenían cerca del colegio una fábrica de
baldosas y la Asociación Cooperadora le compraba los metros que necesitaban
para un aula, eran para exterior, porque son más baratas y con mis alumnos de
3° y 4° año las colocábamos. Por eso las aulas del Taller hoy las ves con los
baldosones grandes.
-
¿Y quién dirigía esas jornadas?
-
El
Jefe de Taller. El Director organizaba el trabajo con él y después simplemente
se hacía.
-
Sabemos que la comunidad educativa
construyó la primera parte del colegio (porque la ampliación de ese edificio -en
la que hoy funciona la Media 38- la realizó una empresa bajo la supervisión de
la Cooperadora), pero, además, también los alumnos se encargaron de conseguir
el material para la construcción. En la tecnicatura de Administración ¿también colaboraban?
-
Colaborábamos,
sí, pero era más de la otra orientación el tema de la construcción.
-
¡Eso
era para toda la Técnica, para todo el mundo!... de hecho, así se hicieron un
montón de cosas. Eso se empezó en el ´88, ´89, por esos años. Se hizo la
construcción con dinero de Nación, y el aporte de toda la comunidad. Varios
bingos se hicieron para recaudar fondos, pero vinieron después, cuando éramos
de Provincia. Cuando éramos alumnos, nosotros hacíamos bailes, desfiles… ¡Ah...
el campeonato de truco y chinchón!.. acá en la escuela y en la Sociedad
de Fomento. El Chinchón para los más chiquitos, los de 1° y 2°. El truco era
todos contra todos, no había categorías, iban todos a divertirse un rato. Hasta
se llegó a rifar un 147 para
construir la losa, ¡y encima se lo ganaron! Era obligatorio que cada familia
comprara, por lo menos, una rifa. Esta rifa se pagaba en cuotas mensuales.
Cada uno de ellos tiene una pila de
anécdotas con que vestir las paredes de esa esquina. Aquí la vida de la E.E.S.T.
N° 10 se personaliza, se hace vida a partir de haber sido el fruto de las
experiencias de sus integrantes.
-
En
realidad todo el mundo trabajó en la escuela y todos querían un edificio
propio. Eso creo que es básico para cualquier Institución, tener un edificio
propio. Había una pertenencia al lugar.
-
Uno podría explicar esa pertenencia a
partir de las promesas cumplidas. Que todo lo que se les proponía tenía una
proyección de trabajo. Y esa proyección se iba cumpliendo y la comunidad iba
viendo los avances, ¿verdad?
-
Por
supuesto, si vos hacés un baile y decís que lo recaudado va a ser para comprar
unos hierros para hacer unos bancos, y terminamos el baile, y a la semana
siguiente compramos los hierros y a la otra empezamos a hacer los bancos… es
que lo recaudado se disponía para eso, no es que se hacía una cosa y después el
dinero desaparecía o se iba a otro lado.
-
A veces el problema con las
Instituciones es que las promesas se van diluyendo.
-
Nuestro
primer Director de la escuela fue Eduardo del Castillo y él tenía bastante
claro lo que quería. Venía del CONET, era un tipo que tenía otra mentalidad.
Tenía un convenio con la Asociación Cristiana de Jóvenes, ¡pero el contrato se
terminaba! Después continuó Eduardo Riha y luego siguió Tony. Y todos ellos
tuvieron el mismo objetivo en mente. Además teníamos un Centro de Estudiantes
que gestionó bastante. Se llamaba a los representantes de cada división, se
hacían muchas reuniones; ¡y no era que el Centro de Estudiantes se juntaba para
zafar de las hora de clase!, porque íbamos a las reuniones después de hora, en
recreos, en horas libres, votaban todos y no había diferencias, todo el mundo
aportaba algo. Básicamente el objetivo de toda la escuela era tener el edificio
propio desde que arrancamos.
-
Cuando
nosotros éramos alumnos había un Centro de Estudiantes que era muy fuerte, es
decir, generaba mucha movida, por ejemplo hemos hecho bailes en El Fortín, en
el club La Verdad, en el salón del colegio San Carlos, ¡en la Asociación de
Fomento siempre!...
-
El
Día de la Primavera lo organizaba el Centro de Estudiantes y cada división
hacía un número, hemos pasado vergüenza arriba del escenario, hemos hecho
desfiles de modas. Una compañera cantaba el tema “Tengo un hermano chiquito” y yo, disfrazado de bebé, desfilaba en
el medio del escenario. Todo eso salía del Centro de Estudiantes.
-
Claro,
lo que pasaba es que el Día de la Primavera se juntaba con la Fiesta de
Educación Física, se hacían los dos festejos juntos y se realizaban en el salón
de la Asociación Cristiana de Jóvenes, en el tinglado y en el campo de
deportes. Estábamos todo el día, no solamente jugábamos al voley y al fútbol
sino también al handball, al básquet, la maratón. El último año lo hicieron en
el Club Banco Central y estuvo muy bueno.
En la época en que la escuela pertenecía a Nación, el Centro de Estudiantes
organizaba y disponían de esos fondos y no había problemas con nada. Una vez
necesitamos hacer compras de hierro para hacer los bancos en el Taller y lo
compró el Centro de Estudiantes con la plata que había recaudado en un par de
bailes. Eran los de tipo dobles, banquito y mesa, banquito y mesa y eso quedó
en la ACJ, con facilidad habremos hecho para llenar dos aulas.
En la época en que la escuela pertenecía a Nación, el Centro de Estudiantes
organizaba y disponían de esos fondos y no había problemas con nada. Una vez
necesitamos hacer compras de hierro para hacer los bancos en el Taller y lo
compró el Centro de Estudiantes con la plata que había recaudado en un par de
bailes. Eran los de tipo dobles, banquito y mesa, banquito y mesa y eso quedó
en la ACJ, con facilidad habremos hecho para llenar dos aulas.
-
Estamos acostumbrados a sostener hoy
día que los profesores de antes eran muy rígidos, muy estrictos… ¿era así?,
¿cómo vivían ustedes este tema?
-
Era
otra historia, pero, efectivamente, los docentes eran un poco más rígidos. Vos
sabías que en tal Año tenías tal docente, me acuerdo en 5° Año, en la materia
de Derecho con Lopilato, me llevé esa materia sola y me quería cambiar de
colegio porque creía que no la sacaba nunca más, después la di pero... nosotros
éramos siete alumnos en mi curso y no teníamos cómo zafar, las preguntas eran
para todos.
-
¡Nosotros
éramos doce y qué te ibas a esconder! ¡Ni pensarlo!
-
Había
que estudiar todos los días.
-
Eso también es un dato de época, es
cierto, existía una verdadera estabilidad docente... los mismos profesores
estaban décadas en la misma escuela. Como alumnos les conocíamos hasta las
costumbres… hoy hay muchísima movilidad docente. Y eso genera también una
movilidad en la forma de dar los contenidos y eso hace que a veces también
cambien los contenidos porque cada profesor tiene “su” forma de explicar y le
pone énfasis a la parte del programa que le parece más importante.
-
Los
padres aportaban también en el sentido en que exigían que uno les tuviera
respeto a los profesores y que terminara la carrera, porque no había muchas
opciones, o estudiábamos o trabajábamos. Y aunque hubo siempre alumnos que no
estudiaban, la mayoría sabía lo que quería para su vida. También estábamos más
cohesionados como grupo, a diferencia de hoy, que se ve, incluso en los viajes
de egresados: antes se iba toda la división junta, hoy los chicos eligen con
quién se van entre diferentes cursos y diferentes colegios. Los profesores eran
todos profesionales, trabajaban de abogados, de contadores, arquitectos, o eran
gente de oficio, carpinteros, herreros, etc. Teníamos muchos profesores que
eran técnicos incluso en las materias del Básico. Se notaba el compromiso de
los docentes, cuando hacíamos un baile porque estaban todos con nosotros, por
ejemplo, desde el Director en adelante, y no es que vivían en el barrio.
-
En general ocurre que en un colegio
donde se percibe una fuerte cohesión en el cuerpo docente, y a eso se le suma
un grupo de alumnos que están allí por motivación propia, porque elijen esa
carrera, es más factible observar que los objetivos se lleguen a cumplir. Ayuda
en este sentido que se cumplan los plazos pautados para la concreción de los
objetivos, hace a una seriedad y un compromiso en la forma de llevar adelante
la tarea docente. A eso también hay que agregar la decisión de la Dirección del
colegio, que permitía el accionar del Centro de Estudiantes, lo cual favorecía
la participación de la comunidad y a la vez los hacía sentirse útiles.
-
La
participación de los padres con la escuela tiene mucho que ver con el
entusiasmo con el que llegan sus hijos a la casa, si ellos vienen pidiéndoles
ayuda e invitándolos a hacer cosas para la Institución o los ve que van a
buscar ladrillos para el colegio, que van los sábados, que venden rifas, que
organizan bailes… es más factible que el padre se interese. Todo depende del
interés que tenga el alumno para que el padre entienda cuán importante es el
colegio. Por eso era posible que los alumnos concurrieran a torneos,
participaran de jornadas de trabajo y juegos los sábados, el clima era de
camaradería.
-
¿Cuáles son los mayores desafíos
que hoy enfrenta la escuela técnica?
-
El
primer desafío es volver a generar un espacio apropiado destinado al Taller. El
segundo es tener las herramientas y máquinas necesarias. Finalmente, continuar
perfeccionando a los docentes en las nuevas tecnologías pero mucho más en el
“oficio”, en la práctica, no en la teoría (aunque las dos sean necesarias).
Cinco años estuvieron divididas sus
aulas, el Taller funcionaba donde había nacido el colegio, en la Asociación
Cristiana de Jóvenes, mientras que las materias de aula se dictaban en el
recién construido edificio. Sin embargo, como vimos, ello no privó a los
profesores de sentirse parte de una única Institución; no desalentó los ánimos las
incomodidades del espacio (como dar clases sobre tierra apisonada, no tener
calefacción en las aulas…). Directivos y cooperadores escolares siguieron
buscando la forma de reubicarse, de unificar sus aulas, de tener un edificio
propio unificado. ¿Eran “otras épocas”,
“épocas de cooperativismo”?, en tanto en nuestra cultura de la segunda década
del 2000 observamos tanto individualismo, resulta sorprendente volver la mirada
y darse cuenta de que grupos grandes, disímiles en perspectivas y opiniones,
objetivos y capacidades, tuvieran un
propósito en común que más que para sí mismos, beneficiaría futuras
generaciones, y lo llevaran a cabo.
-
La
Asociación Cooperadora de la E.E.S.T. N° 10 fue declarada como una de las 10
mejores Cooperadoras de la provincia de Buenos Aires porque habían presentado
impecablemente la rendición y todos los papeles de cuando se hizo la última
ampliación del edificio, y como era dinero del Banco Mundial estaban muy
atentos a la honestidad y claridad en el manejo de sus fondos. Y fue la primera
Asociación Cooperadora en la provincia de Buenos Aires en firmar la entrada del
laboratorio Di Lorenzo, que venía desde México de una empresa italiana y la
Dirección General de Escuela de la provincia de Buenos Aires necesitaba una
Cooperadora para que pasara sin impuestos. La D.G.E. elige a la cooperadora de
la Técnica 10 para que haga el trámite.
-
Incluso
la eligieron también para comprar las banderas de La Matanza para todas las
escuelas públicas del Municipio. Eligieron 5 ó 6 Cooperadoras del Distrito para
firmar, fuimos con Pichi y Mariana.
-
Y digamos
más, no hubo ninguna Cooperadora de ninguna escuela de la provincia de Buenos
Aires que haya estado más de 20 años, la misma Cooperadora con el mismo Director.
Esto nos llena de orgullo y satisfacción.
-
Sí, justamente yo remarco tanto este tema porque lo
percibí a lo largo de las entrevistas, quiero decir que con la mirada puesta
desde afuera reconstruyendo y sintetizando esta historia, se ve que es muy
fuerte la voluntad y el cariño que muestran por algo que han ayudado a
construir; voluntad y trabajo que creo tiene mucho que ver con un contexto
histórico, con una época en la que quizás la gente se involucraba más, creía
más en las instituciones, trabajaba más en y para ellas, recibía más a cambio
–seguramente-; hoy la cultura es otra. Y por eso mismo, como la cultura cambia,
habría que ver de implementar nuevos métodos de comunicación con gente que
tiempo atrás voluntariamente aportó su tiempo, su dedicación, su conocimiento,
su esfuerzo para levantar una Institución que hoy nos excede, que tiene
problemas porque es una Institución hecha por personas que tienen
equivocaciones, claro está. Pero definitivamente en el contexto de una cultura
eminentemente tecnológica es necesario implementar nuevos métodos de
comunicación que tengan más que ver con lo humano y no que queden emparentadas
a la deshumanización de nuestra profesión.
-
Yo lo que
puedo decir es que la gran diferencia que vos observás con lo que en ese
momento éramos nosotros, es que hoy encontrás una cuestión de individualismo y
antes un trabajo en equipo. Antes yo no pensaba como Vicedirector que, si
hacíamos la fuente de Tapiales, por ejemplo, los laureles se los iba a llevar
Eduardo, éramos un equipo, los laureles se lo llevaban los pibes. La mala fe
que ahora está teniendo el individualismo y la forma de conseguir las cosas en
algunos casos, porque la escuela funciona perfecto a través del consenso, ¡eso
no lo entienden! Lo entienden como una cuestión vertical, como si la Dirección
de un colegio se basara en bajar las indicaciones únicamente. Al docente no le
gusta que le vengan a gritar, a imponer las cosas, al docente lo que le gusta
es que lo convoquen. La figura de Eduardo -como fue la mía- fue la del “señor
director” adentro de la escuela, pero para los compañeros era el del señor director y compañero de trabajo, hay una gran diferencia, entonces, cuando vos
vas a pedir algo, “Che, mirá… nos vamos a
juntar a comer un asado, o vamos a hacer este trabajo, vamos a organizar un
campeonato de futbol, etc.”, ¡la gente iba!.. iba porque vos organizabas la
escuela de otra manera.
-
Quizás esto que proponés tenga que ver con una
visión más amplia del contexto de la Institución y no con una visión
administrativa; con una visión desde la calidad humana en el ámbito laboral.
-
Hoy
sentarse detrás de un escritorio con la insignia de Director no te eleva al
cielo de ninguna manera. La cuestión de acompañar
es fundamental hoy día. El poder de dirigir una organización, un proyecto o una
Institución se merece primero, se otorga y se gana con el ejemplo y el buen
trato, de eso no hay duda.
Propósitos comunes y ganas de
trabajar. Casi se siente uno reconfortado cuando observa las sonrisas de
satisfacción en los rostros de sus hacedores al rememorar esos días. Reconforta
entender que ese espíritu de trabajo era lo que enseñaban en una escuela que se
dedicaba especialmente a formar personas para su futuro laboral. El destino
quiso que fuera en la misma práctica que encontraran el motivo y el ejemplo.
Quisimos mostrar los comienzos de
una Institución que creció gracias a la necesidad de hacer posible una
educación secundaria técnica estatal, gracias a la convicción de que se podía y
cuyas bases más sólidas no se encuentran en sus ladrillos sino en la cohesión
de una comunidad que lo hizo posible. Hablamos del pasado haciendo una
proyección hacia el presente. De este mismo presente hablarán futuras
generaciones de ex alumnos, docentes, padres… con mayor objetividad, con la
claridad que provoca la observación en perspectiva. Ellos dirán hacia dónde
camina una educación secundaria técnica que tan necesaria es para los destinos
de esta nueva Nación en desarrollo.
